domingo, 16 de octubre de 2016
De la individualidad y los guiones
Escuchaba el jueves a Bernardo Atxaga en la conferencia inaugural del XXVII Congreso de Entrevista Clínica y Comunicación Asistencial y me sonaba el discurso inconexo y, por momentos, difícil de seguir. Al día siguiente, alguien me enseñó el paralelismo que había con algunas consultas médicas que vivimos en nuestro trabajo. A veces oímos mensajes, nos parecen difusos, no acabamos de entender el hilo conductor de ellos, pero, generalmente con paciencia y calma interior, un día lo escuchado encaja y cobra sentido, Al menos un sentido para nosotros. De ese mismo modo, el escritor dejó en el aire conceptos, reflexiones, e incluso historias personales intensas e interesantes que fueron cristalizando en alguna idea de uso personal y "de andar por casa".
Expuso Atxaga que, en su opinión, los profesionales relacionados con la salud transitamos en nuestro trabajo entre la individualidad y el guión que tenemos que desarrollar. Nuestra individualidad como sujetos con nuestra biografía, entorno, circunstancias personales, y un guión que nos confiere un papel de profesionales con unas características determinadas ante las personas que atendemos.
Interpreté, no sin cierta sorpresa, que en el ejemplo de experiencia personal con el que pretendía ilustrar esa idea, el escritor transmitía la idea de que él se sentía más cómodo y seguro al encontrarnos en el guión que en nuestra individualidad. Siendo una interpretación mía es posible que este supuesto sea erróneo pero desde este enfoque, en los dos días siguientes en los que se ha desarrollado el congreso, esa reflexión me ha venido varias veces a la cabeza.
Pensé que cuando los médicos nos sentimos inseguros o perdidos, nos refugiamos en los extremos, en la individualidad o en el guión. Parece también más habitual la idea de que la individualidad se propone como refugio ideal frente a la frialdad que se le atribuye al guión. Pero no es época de confrontaciones, sino de cambios de enfoque y pensé que ese congreso, es un espacio imprescindible para superar esa confrontación y trabajar por construir y fomentar espacios en los que ambos conceptos, individualidad y guion, se articulen y enriquezcan el uno del otro.
PD: Me llevo del congreso la alegría de haber conocido a personas interesantes que me han enseñado y me han hecho crecer, Entre ellos, y de modo especial, mis compañeras y compañeros que han hecho posible la celebración del mismo. Eskerrik asko! Muchas gracias!
miércoles, 7 de septiembre de 2016
La intranquilidad de la impotencia
Aparecen en el listado de los pacientes con cita. Y sus nombres son de esos que miras con el rabillo del ojo. Una mirada extra, una mirada intranquila. No siempre ha sido así, de hecho es así desde hace unos pocos meses. Antes todo era más cotidiano, no había miradas detenidas en sus nombres salvo porque sus nombres nunca aparecían solos.A todas partes iban juntos. "Desde los dieciséis años que nos hicimos novios. Ahora no se moverme sin él" .Ella es más expresivas. El, quizá, más racional: "Yo se que lo que me pasa es todo por lo mismo, pero no puedo quitarme esta angustia" Son historias diferentes. Los dos pasan de los setenta y cuando los miro mientras me cuentan, me pregunto qué les puedo decir yo de lo que es la vida.
Nunca venían solos pero los otros, ya no están. Y la intranquilidad nace de la creencia de no tener consuelo para ellos, porque no existe, o porque uno no lo encuentra a pesar de buscarlo entre las experiencias y las vivencias propias. Es de esas situaciones en las que todo tambalea y me conformo simplemente con estar ahí, Y sobrevivir emocionalmente.
jueves, 14 de abril de 2016
lunes, 14 de marzo de 2016
Los relatos robados
Treinta y cinco relatos. Podría ser otra manera de definir la jornada laboral. ¿Qué pensarán justo antes de entrar en la consulta o cuando oyen mi voz en el teléfono? ¿Tendrán ya preparado lo que me van a contar? Algunos relatos parecen construidos en el momento, otros se intuyen más elaborados, pensados. Los hay construidos y perfeccionados en la medida que ya han sido contrastados en varias ocasiones y no entendidos. Relatos construidos contra la incomprensión. Relatos, en definitiva, donde encajan síntomas,y valoraciones, emociones y datos, algunos respetando la cronología, otros desordenados, escurridizos, ininteligibles , o claros y diáfanos los menos.
Disfruto de esos días de preguntas abiertas. De los días en que aparece el tempo y la calma de las preguntas abiertas. Las dejas sobre la mesa y en vez de aparecer respuestas aparecen relatos. Me fascinan esos momentos en los que todo va encajando, y en el libre discurrir de un discurso titubeante van apareciendo las claves de lo que en realidad está sucediendo. Son momentos en los que se tiene la sensación de estar en al menos dos o tres consultas a la vez. La formal, la explicita, la que está encima de la mesa, y la otra, la que se esconde entre gestos, entonaciones, posturas y miradas.Y tiene uno que elegir con tiento y prudencia con cuál se queda, cuál es la que toca abordar en ese momento.
Se encienden las alarmas cuando hay colisión de relatos, Pacientes, familiares, enfermeras o médicos comunicándose en longitudes de onda diferentes. Esa intuición de que lo que está ocurriendo no vale y de que habrá que dejarlo para mejor ocasión. Saber parar y resolver lo urgente esperando un mejor momento para lo importante. Las preguntas cerradas son aquellas de lo urgente y las abiertas las de lo importante.
"...estaría dispuesto a decir que el terapeuta puede intentar promover en el paciente la libertad para ser dueño de su propia biografía; que esa sensación de libertad o de dominio- y lo que le permite obtener- pueda acabar siendo más importante que la historia en sí" le escribe J.M Coetzee a A. Kurtz, Y pienso en cuantos relatos les habré "robado" hoy a mis pacientes para suplantarlos por alguno mío. Al fin y al cabo con los relatos propios siempre se siente uno más seguro.
¿Cuántos relatos habéis oído hoy? ¿Que habéis hecho con ellos?
martes, 1 de marzo de 2016
Patrones de pensamiento y práctica clínica
¿Qué es lo que decide que "creemos" una ficha nueva? ¿Qué criterios utilizamos para crearla y para almacenarla?¿Cómo se realiza ese proceso? La frecuencia de la presentación de los casos clínicos, la importancia o relevancia de los mismos, los valores propios y del entorno en el que trabajamos, la autoridad que otorgamos a las personas o las fuentes en la que encontramos el conocimiento, el impacto emocional sea positivo o negativo asociado a la experiencia, algunos datos o características complementarias o colaterales que acompañan a las situaciones, ....estas, entre otras, son características que pueden dejar su huella o etiqueta en el corpus de sabiduría que vamos conformando. La importancia de éste paso es máxima porque las etiquetas son las que nos permitirán recuperar la información o acceder a ellas más o menos fácilmente. Las que harán más eficiente nuestro conocimiento.
Vayamos entonces con el tercer acto. ¿Cómo recuperamos toda esa información? ¿Cómo aflora la ficha necesaria en cada momento? ¿Es la ficha exacta o la que más se parece a la que necesitamos la que muchas veces nos viene a la cabeza? Estamos todo el día decidiendo a lo largo del día y en todos los entornos de nuestra vida. Continuamente nuestro cerebro hace cálculos de probabilidades y toma decisiones en función de éstos. Una consulta médica o de enfermería no es diferente, lo que ocurre es que decidir, junto a percibir, es el elemento central de nuestro trabajo. Si alguien entra un frío y lluvioso día de Febrero a la consulta y nos cuenta que tiene fiebre alta, dolor de cabeza y que se encuentra fatal porque le duele todo el cuerpo el diagnóstico de "gripe" enseguida vendrá a nuestra mente. Es una gripe. ¿Es verdaderamente una gripe? Realizamos algunas comprobaciones con las preguntas clínicas y con la exploración y confirmamos que no parece ser nada más. Así que Febrero + fiebre alta + mialgias+ que todo el mundo está igual ....es gripe. Y todo eso lo hacemos más o menos de modo automático. En ocasiones, el recuerdo reciente un caso que parecía gripe y al final era una neumonía o un ambiente en el entorno de una amenaza posible aunque improbable como puede ser la aparición de un caso de infección por virus Ébola hace que nuestro proceso de pensamiento y deducción se ralentice y los automatismos pierdan relevancia en favor de una mayor atención a los datos clínicos y un modo de pensar más analítico, consciente, y con una red de seguridad más amplia.
El asunto es, mas o menos,como aquí he expuesto. Pero, como se intuye, no todo ni siempre es tan sencillo. Pero sí que es, al menos para mí, fascinante.
Seguiremos.....
(reflexiones a propósito de leer Pensar rápido, pensar despacio. D Kahneman)
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jueves, 25 de febrero de 2016
La medicina incierta y la enfermería.
La medicina es incierta. Menos de lo que parece pero más de lo que nos gustaría. Y es en la incertidumbre donde a veces uno necesita buena compañía. Más de dos días sin ver a la enfermera con la que trabajo y ya la echo de menos. Por razones diversas en los últimos años me ha tocado compartir en el mismo cupo tareas con tres enfermeras. Y siendo cada una distinta, con todas ellas me he sentido acompañado. A todas las he buscado cuando he sentido la necesidad de compartir preocupaciones o reflexiones acerca de alguno de los pacientes que atendemos. En todas ellas intento apoyarme en el trabajo cuando lo necesito y siento que ellas han hecho y hacen lo mismo.
Hay muchas otras enfermeras en el centro de salud en el que trabajo. A veces nos cruzamos miradas de preocupación, de mucha preocupación, cuando atendemos alguna emergencia. Y otras veces echamos risas compartiendo anécdotas y bombones y pastas que algún paciente deja por allí. Ellas de vez en cuando me sacan de un apuro cuando me ven atascado ante un problema por resolver y también me tienen que aguantar cuando despotrico contra el mundo en esos momentos en los que no estoy para nadie. Me cuesta de vez en cuando entender porque han estado en ese momento tan picajosas, y aprendo, aprendemos, y en definitiva, trabajamos juntos.
Por eso me cuesta tanto entender tantas cosas en estos días. Me cuesta entender los compartimentos estanco, me cuesta entender las separaciones y las segregaciones, me cuesta entender las restas en vez de las sumas...y me cuesta entender los silencios. Es por eso, igual, que necesito escribir una entrada como ésta. Para decir que me cuesta entender por qué las guerras civiles siempre las inician y las alientan aquellos que no pisan las trincheras. Y me cuesta entender porque logran que entremos en su juego.
Trabajo con muchas enfermeras. Y en estos días de andar con pies de plomo siento que trabajamos con más cuidado y respeto. Y eso hace que me sienta satisfecho de trabajar donde trabajo y con la gente que trabajo. Pero esa no es la solución. Me gustaría que terminaran estos días porque no nos los merecemos. Ni los profesionales sanitarios, ni los pacientes a los que atendemos.
Me gustaría que dejara de ser incierta la medicina donde antes no lo era.
(así que por favor, pido que se derogue el real decreto 954/2015 )
martes, 9 de febrero de 2016
Causas y azares
Es en ese momento, en el de los
pronósticos, cuando solemos hablar mucho y decimos cosas vacías y en ocasiones
sin mucho sentido. Es en esos momentos cuando más cuesta el silencio. Queremos
con palabras minimizar la angustia, ofrecer una solución improbable y vamos
transitando de la ciencia a la creencia acuciados por fantasmas y miedos. Los
ajenos y los propios.
Y cuando hacemos un pronóstico desconocemos todas aquellas cosas que se van entretejiendo por debajo de lo visible y lo evidente. Algunas veces las desconocemos y otras no las vemos aunque estén delante de nuestras narices. Ponemos plazos a la vida y ni siquiera es segura nuestra presencia cuando ese plazo venza. Pero es costoso el silencio de la prudencia y nos rendimos a la necesidad de las certezas inciertas que la ansiedad alienta.
“Esa mañana fuimos a la consulta del
médico del pulmón y a la tarde a mi marido le dijeron que no tenía remedio” Ni
siquiera lo dijo en un tono duro que reflejara lo perra que es la vida a veces.
Tampoco de resignación. Era un tono como de disculpa, para que entendiera el por qué de esa desconfianza hacia lo que yo le decía, y su necesidad de certezas. Me
quedé pensando, de nuevo, en lo que cambia la vida en cada momento. En el
momento, muchas veces, en el que se cruza la puerta a la que más miradas dedico
a lo largo del día.
martes, 2 de febrero de 2016
Indemorables (II)
Los pacientes expresan los motivos para tomar la decisión de acudir al médico como
urgente o indemorable refiriéndose pocas veces a un malestar insoportable.. Suelen
ser otras las razones que aparecen cuando escarbamos un poco en el origen de la
decisión. En ocasiones su motivo tiene que ver con la preocupación de que sus
síntomas sean el inicio de alguna enfermedad grave cuyo pronóstico es
fundamental en función de la rapidez del diagnóstico. No es infrecuente además
que en este tipo de consultas la preocupación tenga origen en algún comentario
o indicación de alguien del entorno; amigos, familia, etc…que son los que
encienden la luz de alarma. En otras ocasiones el motivo es la incapacidad,
imposibilidad o adecuación de acudir a una consulta médica en días y horarios
normales para tales efectos por causa del trabajo u otras obligaciones el cuidado
de los nietos, por ejemplo). Terminar con la sensación de incomodidad que
producen determinados síntomas de patologías, aunque sean banales, y se sepan
como tal, suele ser otro de los motivos: la mujer que tiene cistitis y por
experiencias previas sabe lo molesta que puede ser y lo rápido que puede ser
tratada y a la que le resulta difícil esperar uno o dos días a que su médico le reciba para poder iniciar un
tratamiento. O a quien una rinorrea acuosa o una tos nocturna le generan una
molestia que empieza a repercutir en otras áreas de su vida y quiere “algo” que
le quite esos síntomas cuanto antes.
Educar al paciente lo planteamos como
informar, señalar signos y síntomas de alarma, dar consejos e instrucciones
para el manejo en fases iniciales de la enfermedad, etc. pero puede que esta
estrategia suponga el estar hablando en una longitud de onda distinta a la del
paciente. Es posible, incluso, que todo eso ya lo sepa. El valor de interesarse
por los valores y creencias que están detrás de la decisión de acudir como
urgentes está en saber adecuar nuestra conducta para abordarlos ya sea
tranquilizándolos, desmontándolos con argumentos, pactando en situaciones
concretas , reforzando conductas adecuadas, siendo comprensivos con los motivos
aunque mostrando “nuestra otra versión” de los hechos.
Existe otro concepto al que creo que es
necesario apelar en el tema de la atención urgente: la co-responsabilidad.
Trasladar la idea de que la consulta es
de la totalidad del cupo y deslizar el argumento de que el buen funcionamiento
de la consulta depende del uso adecuado que hagamos todos: personal del centro
de salud y ciudadanos que acuden. Una idea a transmitir a través de detalles en
comentarios, gestos, “normas” de las que nos dotamos entre todos, etc.. y a lo
largo del tiempo y no en el momento en el que los intereses de las partes son
diversos y encontrados y nuestra capacidad de escucha esté más que
probablemente disminuida.
(la imagen es una ilustración de Niki De Saint Phalle )
(la imagen es una ilustración de Niki De Saint Phalle )
martes, 19 de enero de 2016
Indemorables (I)
Ayer fue lunes. Y fue como casi todos los
lunes. Estamos en época de virus y éstos días se suman a la fiesta del caos de ese día. Los
lunes son días de indemorables o urgentes. De consultas indemorables o urgentes
quiero decir. No sorprende el caos del lunes porque se va haciendo rutina pero
ayer me llamaba la atención que hubiera urgentes cuando hoy, el anodino martes,
había bastantes huecos en la agenda.
Es un clásico el asunto de los urgentes que
no lo son, de los indemorables que aparecen cuando menos lo esperamos aunque
nunca nos sorprendan, de lo que nos suelen molestar, etc….Tan clásico que da
para unas cuantas entradas sobre tópicos y soluciones imposibles y eurekas
improbables.
La educación del paciente o ciudadano en
cuanto al buen uso de los servicios sanitarios en general y de los de urgencias
en particular es una de las estrategias que más se recomiendan. Explicar al
paciente los síntomas y signos de alarma, los tiempos prudentes de espera, las
medidas terapéuticas que pueden tomar en primera instancia hasta ver si el
cuadro clínico se soluciona o no, y algunas otras cosas de ese tipo son las que
hacemos para prevenir en futuras ocasiones consultas urgentes innecesarias (¿)
Me gusta preguntar a la gente que viene
como urgente y siempre que no haya síntomas que causen mucho disconfort como el
dolor, la fiebre alta o un malestar general objetivo, los motivos por los que
considera que tiene que ser atendido en es emomento sin poder esperar un día, en
ocasiones unas horas, más. La primera cosa que me llamaba la atención es lo difícil
que resulta hacer esa pregunta sin que mucha gente se sienta incomodada. Desde la
misma pregunta la gente se consideraba juzgada cuando mi intención era
meramente exploratoria. Me costó pero creo haber aprendido un poco a modular la
forma de indagar motivos evitando que el malestar sentido invalide las
respuestas.
El siguiente hallazgo, obviamente con la limitación
de que es solo desde la percepción personal, que me sigue pareciendo relevante es que en la
mayoría de esos motivos, el elemento determinante para decidir acudir de manera
urgente a la consulta tiene que ver con valores y creencias acerca de lo que les puede estar ocurriendo y del funcionamiento del sistema sanitario más que con el
conocimiento o desconocimiento de la gravedad de los síntomas padecidos.
martes, 12 de enero de 2016
La "rigidificación" del diagóstico
“¿Pero entonces soy o no soy hipertenso?”
Es complicado poder definir cuales son los efectos que produce un diagnóstico
en una persona. Solo me atrevo a generalizar diciendo que lo único seguro es
que no es algo inocuo. Alertaba Víctor Amat en twitter del peligro que supone asimilar la identidad de una persona a un diagnóstico y desde entonces el tema anda dando vueltas en mi cabeza.
Resulta curioso como hay “diagnósticos
identitarios” en los cuales uno “es” hipertenso, diabético, asmático, cardiópata,
bronquítico, depresivo, etc…..y otros que parecen no serlo: se “tiene”
hepatitis, artrosis, gota, cáncer,…Y cuando en algunas enfermedades utilizamos
las dos formas el significado parece no ser el mismo p.e. tener tuberculosis o
ser tuberculoso.
El riesgo de los “diagnósticos identitarios”
es el que se deriva de todo aquello que etiquetamos. Etiquetar nos permite
clasificar, nos permite un manejo más ágil de la información y comunicarnos de
un modo más estandarizado. Pero etiquetar también tiene el efecto nocivo que toda simplificación tiene: reducir
a los esquemas más simples realidades complejas, y, que aparezca cierta tendencia
al alienamiento sutil. Incluso etiquetar determina nuestra relación con la
persona en función de dicha etiqueta. Ocurre con cierta frecuencia escuchar cuando
comentamos un caso clínico aquello de “tengo un cardiópata que ha venido hoy
con dolor….” Ocurre que cuando oímos “cardiópata” ya se ha activado toda una
serie de prejuicios, experiencias previas, e ideas al respecto, y todo ello, o
en su mayoría, de modo inconsciente pero con efectos en nuestra conducta.
Hay otras consecuencias que surgen, esta
vez, en las personas diagnosticadas o etiquetadas. Convivir con un diagnóstico
es distinto a vivir diagnosticado. Esto último nos condiciona, nos limita, nos amarga,
nos define ante los demás, y puede abocar a la persona a adoptar actitudes de
rechazo frente a su enfermedad y a todo lo relacionado con ella. Y sin embargo,
es necesario en algunas patologías partir de ese diagnóstico y/o etiqueta,
porque el control adecuado de la enfermedad requiere hábitos y conductas que “empapan”
la vida de la persona involucrando a distintas esferas y capas de ésta sin posibilidad de crear
compartimentos estancos. Sirve también la asunción del diagnóstico de algunas enfermedades como una parte más de la
identidad propia para poder integrarlo en la vida cotidiana y asumir
responsabilidades y reivindicaciones que esa área de nuestra vida reclama.
Es un asunto que se presenta lleno de
paradojas y contradicciones, con muchos aspectos y recovecos por explorar.
Puede servir considerar cada diagnóstico como un traje de quita y pon que
vestimos según circunstancias y momentos. “Vestirnos con nuestro diagnóstico”
cuando sea necesario porque la situación así lo requiera y dejarlo en la percha
cuando notemos su excesivo peso sobre los hombros. Aprender cuando, dónde y
cómo hacerlo es una interesante área de trabajo.
martes, 5 de enero de 2016
Toda historia comienza....
Todo parecía bajo control antes de sentir ese dolor en el pecho cuando conducía camino al trabajo, mientras miraba al resto de las personas que estaban en la sala de espera, o justo en el momento antes en el que notara que la banqueta a la que me había subido se desequilibraba. Y ahora algunas cosas, o la mayoría, han cambiado. Incluso la escala de valores con la que me enfrento al mundo puede que ya no me sea útil. Todo ha sucedido de repente. O no tanto. Pero es ahora, en este mismo momento donde empieza un nuevo viaje.
Toda historia comienza cuando el protagonista es expulsado de su mundo ordinario y comienza ahí un camino de aprendizaje y adquisición de habilidades y conocimientos que le permiten al protagonista encontrar un nuevo punto de equilibrio.
Todo diagnóstico, especialmente cuando se trata de una enfermedad crónica o de largo tiempo de evolución hasta su resolución, nos expulsa de nuestro mundo ordinario. También nos pasa con las enfermedades agudas pero en éstas sabemos que todo volverá a ser como era pasados unos días.. Por el contrario, en otras circunstancias recuperar el equilibrio solamente será posible a través de una transformación de nosotros mismos que suponga la creación de un nuevo mundo ordinario.
(Reflexiones después de leer "El viaje del escritor. de C Vogler)
Toda historia comienza cuando el protagonista es expulsado de su mundo ordinario y comienza ahí un camino de aprendizaje y adquisición de habilidades y conocimientos que le permiten al protagonista encontrar un nuevo punto de equilibrio.
Todo diagnóstico, especialmente cuando se trata de una enfermedad crónica o de largo tiempo de evolución hasta su resolución, nos expulsa de nuestro mundo ordinario. También nos pasa con las enfermedades agudas pero en éstas sabemos que todo volverá a ser como era pasados unos días.. Por el contrario, en otras circunstancias recuperar el equilibrio solamente será posible a través de una transformación de nosotros mismos que suponga la creación de un nuevo mundo ordinario.
(Reflexiones después de leer "El viaje del escritor. de C Vogler)
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Vizcaya, España
viernes, 1 de enero de 2016
Un año TRANS
Vengo también de un tiempo donde algunas de mis pocas convicciones se reafirman. Aprendo cada vez más de los pacientes, ya no tiemblo al ir descubriendo que su idea de bienestar y la mía muchas veces no coincide, y afronto gustosamente el reto de ir creando espacios de encuentro. Sigue permanente en mi cabeza la idea de que para desarrollar mi trabajo necesito saber no tanto de medicina y sí de cómo escuchar, negociar, transmitir conocimientos y provocar cambios de conducta.
Vengo de seguir experimentando sensaciones positivas cada vez que paso un rato en la sala de curas de mi centro de salud. Me gusta que sea un lugar de encuentro con las enfermeras con las que trabajo. Quizás por eso me cuesta entender a veces algunas cosas que parecen ir contra natura.
Vengo de sentir que cuando estás dos pasos más alejado echas de menos a gente que me ha transmitido ilusión y que me ha hecho crecer a la hora de tener un criterio. Y con todo esto la convicción de que las manos tendidas en un punto entre el todo y la nada son buenas,
Y con el año TRANS voy todo el día en la cabeza. TRANSformar, TRANSportar, TRANSgredir, TRANSmitir.....y TRANSitar alrededor de las líneas rojas. Transitar cerca de ellas, y rebasarlas. Rebasarlas parar perderles el miedo, el respeto y para descubrir el otro lado. Dedicaremos el año a descubrir cada uno de esos "otros lados"
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