martes, 24 de febrero de 2026

Distancia (II)



¿Cuál es la distancia justa? ¿Cuánto de innecesaria es esta? Una vez más lo pienso cuando me asaltan las dudas sobre mis comentarios personales mezclados con las historias de los pacientes. En una cultura en la que las jerarquías y las atalayas se confunden con el prestigio, nadie cuestiona la profesionalidad de quien elige estar a años luz de las pacientes a las que atiende. Acaso se les reprocha cierta frialdad en el trato aunque  justificada en su buen hacer clínico. ¿Y es lo clínico el criterio que ampara y legitima todo lo demás? Puede. Al fin y al cabo estamos para curar en un mundo en el que casi nada, salvo las infecciones, es curable. ¿Cuánta salud hay en una confidencia compartida? ¿A cuánta distancia debe ponerse uno para que las confidencias se atrevan a atravesarla y no se diluyan sin llegar al destino?

Hay una distancia inmensa entre un centro de salud y la organización de servicios que lo ampara. Tan inmensa que se siente uno desamparado. Y el desamparo genera desafección. Y la desafección, silencio. Y solo queda el silencio y asentir, como si eso fuera todo. Y siendo todo, no es nada. No hay nada de distancia entre un centro de salud y su organización de servicios. Lo que viene a significar que no hay nada. Están en mundos diferentes, en dimensiones inencontrables.

Hay una distancia inmensa, otra, entre el centro de salud y la comunidad a la que atiende. Somos un elemento extraño inserto en una población que trabaja y vive en un entorno que influye en su estado de salud y del que somos ajenos. Llegamos, pasamos consulta y nos vamos. Nos comen los números y nos alejamos de las personas. Las narrativas del barrio, que se gentrifica y desaparece, como mucho hacen que nos encojamos de hombros. No es cosa nuestra. Lo comunitario se ciñe a actividades prefabricadas, estandarizadas e impersonales. Lo mismo aquí y allá. Hay distancia más amplia que el metro y medio de grosor del muro que nos separa del mundo que nos rodea. 

¿A qué distancia hay que ponerse para no quemarte? Te lo pregunto a ti, Asier. ¿La has encontrado ya? Nos movemos entre la auto protección gélida y el compromiso abrasador. ¿Podemos aspirar a considerarnos elementos de cambio o somos en cambio legitimadores de falsas promesas de los generadores de distancias? Sigo pensando en aquella conversación de la que nace esta entrada y desde entonces, las dudas han aumentado y las fuerzas para creer en las ilusiones que nos mueven parecen menguar.

Hay mucha distancia entre lo soñado y lo existente. 
¿Seguimos? Seguimos


"Poco me importa dónde rompa mi estación
si cuando rompe, está rompiendo lo imposible"

Canto Arena
Silvio Rodríguez